
La acreditación del Sineace se perfila como la brújula que ayuda a distinguir calidad en medio de tanta oferta, y la UDEP acaba de sumarse a ese selecto grupo.
Derecho sigue siendo, década tras década, una de las carreras más elegidas por los estudiantes peruanos.
Pero esa popularidad tiene un costo: según cifras de la SUNEDU correspondientes a 2024, existen 62 facultades de pregrado que dictan la carrera y 187 programas de especialización vinculados a ella.
Frente a semejante abanico de opciones, surge una pregunta que todo postulante —y padre de familia— debería hacerse: ¿cómo saber cuál de todas estas instituciones realmente forma buenos profesionales?
Licenciamiento y acreditación no son lo mismo
Junto con Educación y Salud, el Derecho integra el grupo de carreras que el Estado vigila con mayor rigor, y no solo a través del licenciamiento, sino por el impacto directo que estas profesiones tienen en la vida de las personas, la ley exige además que pasen por un proceso de acreditación.
La diferencia es clave. El licenciamiento certifica que una universidad cumple las condiciones mínimas para operar. La acreditación, en cambio, va más allá: es un reconocimiento público —y temporal— de que un programa demostró calidad tras una evaluación externa, y que además se compromete a mejorar de forma continua para conservarlo.
La UDEP entra al selecto grupo de acreditados

Uno de los últimos programas en sumarse a esta lista es la Facultad de Derecho de la Universidad de Piura, reconocida en sus dos sedes:
La entrega se realizó en el campus limeño, en una ceremonia que reunió a representantes del SINEACE y el CONEAU, además de profesores, estudiantes y egresados de la facultad.
“Este reconocimiento es la confirmación de que estamos avanzando por el camino correcto y es el punto de partida para nuevos objetivos", señala Paul Corcuera, rector de la UDEP.
La facultad, que abrió sus puertas en Piura en 1990 antes de expandirse a Lima, entiende la acreditación no como un punto de llegada, sino como una responsabilidad constante de mantener estándares altos.
Un diferencial que va más allá del sello
En un mercado educativo saturado de opciones, la acreditación empieza a funcionar como una guía confiable para estudiantes y familias.
No se trata solo de una etiqueta que decora una web institucional, es evidencia de que un programa aceptó someterse al escrutinio externo y, sobre todo, de que está dispuesto a seguir mejorando.
En una carrera donde la formación marca directamente el futuro de quienes ejercerán la defensa de derechos y la impartición de justicia, esa diferencia lo es todo.
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